lunes, 13 de diciembre de 2010

Composición Ganadora de la Flor Natural.


María constructora de la Paz

“Que vivamos todos en paz”

Como tú lo hiciste en Nazaret


“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”,(Mt 5, 9) y ¿Por qué nuestro Señor Jesucristo, dijo esto, pues porque María, su Madre, nuestra Madre, es Reina de la Paz, y cuando Jesús, nos dió por Madre a María, también nos regalaba la filiación divina, nos hacía hermanos suyos, hijos de Dios.
 Entonces si todos somos hermanos, hijos del Amor, hijos de la Paz, ¿por qué vivimos como enemigos unos de otros?, ¿por qué no somos como cuando éramos niños?,  queríamos ser como papá y mamá cuando fuéramos grandes, hacer lo que ellos hacían; Jesús indudablemente en sus Padres vió la bondad, el amor, no fue casualidad que Dios escogiera a José y María como sus guías durante su infancia; José la imagen de la obediencia total, a la voluntad de Dios,  María la inmaculada, la hija elegida desde el principio de los tiempos para ser la portadora del amor,  y nuestra mediadora, guía y ejemplo en este mundo. 
Que maravilla sería si todos fuéramos como niños, queriendo imitar a nuestra Madre María, trabajando por la paz y el amor en todo momento y situación, o ¿es que pensamos que en ese tiempo no existían los chismes, el egoísmo, el odio, la envidia, la avaricia, el mal?, por supuesto que el mal existía y sigue existiendo, la diferencia es la forma en que se combate, María fue valiente, defendiendo la vida aún a costa de la suya, pudo haber sido apedreada por su embarazo, y en lugar de recriminar al mundo, esperó en silencio prudente, y Dios le hizo justicia. María fue obediente, pues fue a vivir a un país extranjero, vivió en paz con los egipcios, respetándolos y enseñándoles con su ejemplo, fue respetuosa aun cuando decían, “¿Éste no es el hijo del carpintero?”, pues sabía que debía esperar a que fuera el momento previsto por Dios para manifestarles el origen de su hijo; fue callada, cuando acompañaba a Jesús en sus predicaciones, nunca mostrándose como su Madre, no llamando la atención, más bien siempre en atenta escucha, como su discípula más humilde, María fue prudente, con fé firme al sufrir junto con su Hijo la pasión, la humillación, los insultos, los golpes, la difamación, la crucifixión injusta, sin hacer violencia, solo esperando la Justicia Divina, sabiendo que la voluntad de Dios es Santa, Sabia e inescrutable.

Si, quiero ser como niño, viendo a María como mi ejemplo, perdonando antes de juzgar, ofreciendo mi ayuda a quien lo necesite, como lo hizo ella con su prima Isabel, guardando en mi corazón lo que no entiendo, esperando que Dios haga  obra en mí, guardando silencio en lugar de ofender, creyendo fielmente que Dios nunca se equivoca.
Si, quiero ser como mi Madre, trabajando por la paz en mi hogar, enseñándole a mis hijos que nada es más fuerte que el amor, que el perdón es amor y el Amor es Dios.
Si, quiero contribuir a la paz en mi trabajo, ayudando sin esperar que me lo pidan, conciliando, buscando siempre lo bueno de cada persona, viendo solo lo positivo.
Si, quiero construir la paz en mi comunidad, en cosas tan sencillas, como levantar la basura, saludar al vecino, ser servicial.
Si, quiero trabajar por la paz en el mundo, orando por los que no conocen a Dios, pidiendo por los que sufren, apoyando en  mi parroquia, anunciando el amor de Dios, no solo con mi voz, sino con mi vida.

Mas yo sé, Madre mía, que yo en mis fuerzas, no puedo, soy débil ser de polvo, con carencias, pecados y errores.
Sin embargo, tengo la certeza de que pidiéndote con fe, tu auxilio, me ayudarás, pues no hay Madre que no ayude a su hijo a ser mejor.

¡Virgen María, Ayúdame a trabajar por la paz!.

Heliconia

ADA KARINA GARCÍA SÁNCHEZ




viernes, 10 de diciembre de 2010

Adviento


Ven, Adviento!



Ven, adviento,
y dispón nuestros corazones
para que, cuando llegue el Señor,
se encuentren en su mejor momento.

Ven, adviento;
que no dejemos de soñar, de anhelar
otro mundo y buenas nuevas que impregnen
nuestros días de luz y de sosiego,
y nuestros caminos de paz y de esperanza.
  
Ven, adviento;
sal al encuentro del que busca.
Infunde emoción en aquellos
que han perdido sentimientos.
Valor en los que, por las luchas,
el coraje se encuentra atenazado.
Ilusión, cuando en la pantalla de nuestros ojos,
aparecen lágrimas y sufrimientos.
 
Ven, adviento,
pregón que nos anuncia un mañana feliz.

 Ven, adviento,
presagio de un mañana venturoso.

 Ven, adviento,
invitación a levantar los cuerpos
que desean ser liberados.

Abre, hoy más que nunca,
las almas de los abatidos.

Abre, hoy más que nunca,
los ojos de los que buscan un más allá.

Abre, hoy más que nunca,
a los que esperan a un Señor que ama.

 Ábrenos, hoy más que nunca,
al encuentro de Aquel que viene:
Sin más poder, que el amor.
Sin más cortejo, que la humildad.
Sin más pretensión, que el derrochar amor.
Sin más riqueza, que la voluntad de Dios.
Sin más fuerza, que la debilidad de un Niño Divino.
  
Tiempo de Adviento.
Camino por el que Dios se acerca a la humanidad.
Sendero por el que, los hombres,
se acercan hasta el Amor Encarnado.
Horas de ensueño y de promesas,
de reflexión y de gracia, de hacerse pequeños
para que, en el corazón, habite el Grande.

Tiempo de Adviento,
donde la alegría asoma y se cuela
por las ventanas de las casas de todo creyente.

P. Javier Leoz