martes, 15 de diciembre de 2009

Evangelio 15 de Diciembre 2009.


La parábola de los dos hijos
Mateo 21, 28-32. Adviento. Las palabras y promesas que hacemos a Dios y a los demás, estén respaldadas por nuestras obras y comportamientos.
Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Mateo 21, 28-32


«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña. Y él respondió: ´No quiero´, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ´Voy, Señor´, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él.


Reflexión


Seguramente nos es bastante familiar este refrán: “Obras son amores, que no buenas razones”. Es probable que nosotros mismos lo hayamos pronunciado miles de veces. Y, sin embargo, parece que en muchas ocasiones nos olvidamos fácilmente de él….

En el Evangelio de hoy nuestro Señor nos cuenta la historia de dos hijos. Su padre les pide que vayan a trabajar a la viña. El primero responde de un modo muy poco cortés y un tanto violento: - ¡No quiero!” -le dice al padre. En cambio, el otro, con palabras muy atentas y comedidas, dignas incluso de un caballero: -“Voy, señor” -le contesta, pero no va. En cambio, el hijo rebelde y “rezongón” se arrepiente y va a trabajar. Y Cristo pregunta a sus oyentes: -“Cuál de los dos hizo lo que quería el padre?”-. La respuesta era obvia: el primero. Sus obras lo demostraron.

Y, después del “cuentito”, el Señor dirige unas palabras muy duras a los sumos sacerdotes y jefes del pueblo que le oían: -“Yo os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”-. ¡Un juicio duro, pero muy certero! ¿Por qué? Porque los pecadores y las prostitutas son como el primer hijo de la parábola: a pesar de que sus palabras no eran las más “bonitas” y adecuadas, ellos hicieron la voluntad del Padre: creyeron en Cristo y se convirtieron ante su predicación. Mientras que los fariseos y los dirigentes del pueblo judío, que se consideraban muy justos y observantes, y se sentían muy seguros de sí mismos, ésos son como el segundo hijo: sus “pose” externo es muy respetuoso y comedido, pero NO obedecen a Dios. Y lo que Cristo quería era que hicieran la voluntad del Padre.

Yo creo que lo que nuestro Señor quiere decirnos con esta parábola es, en definitiva, que lo que verdaderamente importa para salvarse no son las palabras, sino las obras. O, mejor: que las palabras y las promesas que hacemos a Dios y a los demás cuentan en la medida en que éstas van también respaldadas por nuestras obras y comportamientos. Éstas son las que mejor hablan: las obras, no los bonitos discursos; las obras, no los bellos propósitos o los nobles sentimientos nada más.

Se cuenta que en una ocasión, la hermana pequeña de santo Tomás de Aquino le preguntó: -“¿Tomás, qué tengo yo que hacer para ser santa?”-. Ella esperaba una respuesta muy profunda y complicada, pero el santo le respondió: “Hermanita, para ser santa basta querer”. ¡Sí!, querer. Pero querer con todas las fuerzas y con toda la voluntad. Es decir, que no es suficiente con un “quisiera”. La persona que “quiere” puede hacer maravillas; pero el que se queda con el “quisiera” es sólo un soñador o un idealista incoherente. Éste es el caso del segundo hijo: él “hubiese querido” obedecer, pero nunca lo hizo. Aquí el refrán popular vuelve a tener la razón: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

Por eso, nuestro Señor nos dijo un día que “no todo el que me dice ¡Señor, Señor! se salvará, sino el que hace la voluntad de mi Padre del cielo”. Palabras muy sencillas y escuetas, pero muy claras y exigentes.

Y nosotros, ¿cuál de estos dos hijos somos?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La Inmaculada Concepción

LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Diciembre 8



Ella, desde el momento en que fue concebida por sus padres, por gracia y privilegios únicos que Dios le concedió, fue preservada de toda mancha del pecado original.

En nuestra sociedad, la pureza tiene dos valores opuestos. Mientras la droga más pura es la más cara y todos buscan el detergente que deje la ropa más blanca, muy pocos se preocupan de mantener su alma y su vida pura, de cara a la vida eterna. Incluso, quienes se confiesan seguido son, a veces, criticados y se les califica despectivamente de "mochos". La Virgen María nos invita a vivir este ideal de la pureza, aunque para ello tengamos que ir "contra corriente".

Un poco de historia

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, promulgó un documento llamado "Ineffabilis Deus" en el que estableció que el alma de María, en el momento en que fue creada e infundida, estaba adornada con la gracia santificante.

Desde entonces, esta es de las verdades que los católicos creemos, aunque a veces, no entendamos. Es lo que se llama Dogma o artículo de fe.

La Virgen María fue "dotada por Dios con dones a la medida de su misión tan importante" (Lumen Gentium). El ángel Gabriel pudo saludar a María como "llena de gracia" porque ella estaba totalmente llena de la gracia de Dios. Dios la
bendijo con toda clase de bendiciones espirituales, más que a ninguna otra persona creada. Ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". (LG, n. 53)

La devoción a la Inmaculada Concepción es uno de los aspectos más difundidos de la devoción mariana. Tanto en Europa como en América se adoptó a la Inmaculada Concepción como patrona de muchos lugares.

María tiene un lugar muy especial dentro de la Iglesia por ser la Madre de Jesús. Sólo a Ella Dios le concedió el privilegio de haber sido preservada del pecado original, como un regalo especial para la mujer que sería la Madre de Jesús y madre Nuestra.

Con esto, hay que entender que Dios nos regala también a cada uno de nosotros las gracias necesarias y suficientes para cumplir con la misión que nos ha encomendado y así seguir el camino al Cielo, fieles a su Iglesia Católica.

Podemos aprender que es muy importante para nosotros recibir el Bautismo, que sí nacimos con la mancha del pecado original. Al bautizarnos, recibimos la gracia santificante que borra de nuestra alma el pecado original. Además, nos hacemos hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Al recibir este sacramento, podemos recibir los demás.

Para conservar limpia de pecado nuestra alma podemos acudir al Sacramento de la Confesión y de la Eucaristía, donde encontramos a Dios vivo.

Hay quienes dicen que María fue una mujer como cualquier otra y niegan su Inmaculada Concepción. Dicen que esto no pudo haber sido posible, que todos nacimos con pecado original. En el Catecismo de la Iglesia Católica podemos leer
acerca de la Inmaculada Concepción de María en los números 490 al 493.

Para saber más acerca del dogma de la Inmaculada Concepción, consulta haciendo click aquí

El alma de María fue preservada de toda mancha del pecado original, desde el momento de su concepción.

María siempre estuvo llena de Dios para poder cumplir con la misión que Dios tenía para Ella.

Con el Sacramento del Bautismo se nos borra el pecado original.

Dios regala a cada uno de nosotros las gracias necesarias y suficientes, para que podamos cumplir con la misión que nos ha encomendado.

¡Virgen María, Madre Inmaculada, ruega por nosotros!
himnos y oraciones

lunes, 7 de diciembre de 2009

Preparándonos para el Nacimiento

Preparando el Nacimiento
Purificar nuestra conciencia y nuestro corazón para que Cristo Niño lo encuentre bien dispuesto el día de Nochebuena.
Autor: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net




Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: "Preparen el camino del Señor; hagan rectos sus senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios."



Reflexión


Ya hemos comenzado el período del adviento. Pero el adviento es muy breve y, en un abrir y cerrar de ojos, nos encontraremos ya en la Navidad. Por eso, es urgente preparar bien el nacimiento y el pesebre para la llegada del Niño Jesús.

Se cuenta que el gran estadista italiano, Alcide de Gasperi -fundador de la Democracia Cristiana y gran líder político después de la Segunda guerra mundial solía preparar el nacimiento con particular devoción, junto con su mujer. De entre las ovejitas escogían a dos, a las cuales les ponían los nombres de las dos hijas: María Romana y Lucía. Cada día de la novena de Navidad, las niñas debían ofrecer un sacrificio especial al Niño. Si se portaban bien, la ovejita avanzaba un poco hacia el portal de Belén; de lo contrario, venían alejadas cada vez más de la gruta. Era la gran lección de mortificación y de acercamiento al Señor que les enseñaban sus padres.

También nosotros tenemos que preparar el pesebre de nuestra alma para cuando Jesús nazca. No es sólo una bonita tradición o una práctica piadosa para entretener a los niños. Si un acto importante se prepara con mucha anticipación -una gran fiesta, la celebración de un aniversario, una graduación, un matrimonio, etc., ¿con cuánta mayor razón no debemos preparar el nacimiento de todo un Dios, que se hace hombre -más aún, que se hace un niño pequeño por amor a nosotros y que se encarna para salvarnos y darnos la vida eterna?

Éste es el mensaje del Evangelio de hoy. San Lucas nos refiere que Juan el Bautista recorría toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión. El color litúrgico de este período -igual que durante la cuaresma es el morado, que es el símbolo de la penitencia y de la austeridad. El sacerdote se reviste con los ornamentos sagrados de este color en la Santa Misa para invitar a todos los fieles al sacrificio y a la conversión, pues sólo así podemos purificar nuestra conciencia y nuestro corazón para que Cristo Niño lo encuentre bien dispuesto el día de Nochebuena.

Pero, ¿qué significa conversión? ¿de qué o por qué tenemos que convertirnos? Todos, por lo general, nos creemos gente buena y pensamos que la conversión es sólo para los grandes pecadores. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II nos decía que todos necesitamos convertirnos diariamente en nuestra vida. Porque convertirse significa “volver a Dios”, “cambiar” de actitudes y de comportamiento. El verbo hebreo que expresa este concepto es “sub” y significa, ni más ni menos, “volver”; el vocablo latino “cum-versio” indica la misma idea. Sin embargo, en griego se dice “metá-noia” -que quiere decir, literalmente, “cambio de mente”, “cambio de corazón”. Convertirnos, pues, es acercarnos más a nuestro Señor, alejándonos del pecado y de las propias pasiones que nos apartan de Él; convertirnos para cambiar nuestra mentalidad mundana y sustituirla por unos criterios de fe, auténticamente cristianos; cambiar “nuestro corazón de piedra -como decía Ezequiel por un corazón de carne”, lleno de amor, de compasión, de perdón y de caridad. ¿Nosotros pensamos igual que Cristo en todo? ¿Pensamos como Él piensa acerca de la fama, del poder, de la riqueza, del sufrimiento, del dolor? ¿Y nuestro corazón es como el Suyo para amar al Padre Celestial y todos los hombres sin excepción, como Él nos amó? Todo esto es convertirse.

Juan Bautista, con palabras del profeta Isaías, nos exhorta también hoy a cada uno de nosotros: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Estas imágenes bíblicas nos hablan de la necesidad de la conversión. Los montes, en este contexto, vienen a ser signo de la soberbia, del orgullo y de la prepotencia: ¡tienen que ser rebajados y anulados! Los valles son nuestros complejos, caídas, desconfianzas y depresiones, y tienen que ser rellenados. Lo torcido es toda forma de pecado y de desorden moral; lo escabroso son nuestras sensualidades, vicios, concesiones a la tentación y el juego con las pasiones que nos llevan al mal; ¡debe ser enderezado!

En una palabra, necesitamos “preparar el camino del Señor y allanar sus senderos”; o sea, rectificar todo aquello que tiene que ser corregido para que, cuando Cristo venga, nos encuentre con el alma limpia por la gracia y con el corazón bien dispuesto. Entonces la Navidad dejará de ser una fiesta más o un bello folklore religioso, para adquirir su verdadero sentido en nuestra vida. Sólo si Cristo nace en nuestro corazón, la Navidad tendrá un valor y comenzaremos a vivir el cielo en la tierra.





  • Preguntas o comentarios al autor

  • P. Sergio Cordova LC

    miércoles, 2 de diciembre de 2009

    Evangelio 2 de Diciembre, 2009.


    Segunda multiplicación de los panes
    Mateo 15, 29-37. Adviento. Demos gloria a Dios con la gratitud de auténticos hijos, pues, ¡lo somos!
    Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net
    Mateo 15, 29-37


    Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?» Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.


    Reflexión


    Las curaciones que obró Jesús pueden parecernos hasta “lógicas”… ¡era el Hijo de Dios!… y a fuerza de leerlas y oírlas pierden su impacto y ya no las consideramos como algo extraordinario. Sí, es verdad que Jesús curaría a muchos, pero no fueron todos. ¿No es verdad que también Él se encontró frente a la incredulidad, la envidia o el menosprecio, sobre todo de parte de los poderosos y sabios según el mundo? Y no serían pocos a quienes les faltó fe, humildad o perseverancia para llegar hasta Él y pedir su favor.

    Existen organizaciones que han tomado la responsabilidad de llevar enfermos a Lourdes, o de organizar peregrinaciones en atención a necesitados de toda índole. Son obras encomiables por el sacrificio de tantos voluntarios y por los bienes que de ahí se obtienen para enfermos y sanos. Acercarse a Jesús, llevarle nuestras propias personas, y también aquellos que a nuestro alrededor están mudos de alegrías, ciegos por no ver a Dios, cojos de esperanza o mancos de solidaridad, puede ser un buen programa de vida.

    Cuando la vivencia de nuestra fe consiste en esto, encontramos aplicaciones concretas que nos ayudan a conocernos mejor y que nos abren a las necesidades y problemas de los demás. Pero todo este bello ideal no se sostiene sin lucha. Cuando el mundo no nos hable sino de pesimismo y tragedias, cuando caminamos por él arrastrando las pesadas cargas de la enfermedad, del sufrimiento, de la incomprensión o la ingratitud, cuando ya no nos quedan fuerzas o la “fantasía de la caridad” parece habérsenos agotado…. Entonces es cuando sobre todo vale la pena acercarse a Jesús. Él nos espera, nos llama, nos curará de nuestras miserias y de las debilidades de quienes le sepamos presentar. Demos gloria a Dios con la gratitud de auténticos hijos, pues, ¡lo somos!

    Propuesta para Navidad

    Te invito a celebrar una Navidad distinta, con algo más de conciencia... es que en Navidad celebramos que Cristo cumple años y lógicamente todos queremos homenajear al cumpleañero, lo cierto es que es el Cumpleaños de Cristo y nos regalamos nosotros solamente, pues hoy quiero que junto a esta experiencia vivas el Evangelio y te diré cómo hacerlo.
     


    Cuando salgas de compras, para esos regalos que irán debajo del árbol, dispondrás de un dinero más, para comprar un regalo extra, ese regalo también irá debajo del árbol pero la etiqueta o tarjeta dirá, "Para Jesús que vive en Ti", sólo eso dirá, no importa que es lo que contenga el regalo, si tu economía es buena comprarás o un juguete o una prenda de vestir nueva, si tu economía es pequeña, comprarás unos dulces solamente, no importa el valor de lo que hay en el interior, sino el valor estará en la etiqueta o tarjeta que pondrás en el regalo.
     
    Cuando tengas ese paquetito listo, lo pondrás debajo del árbol navideño, y el día 25 cuando se repartan los regalos a todos, el único que deberá quedar debajo del árbol será el de Jesús, porque es para El.
     
    A partir del día 26 llevarás contigo ese regalo, depende del tamaño, en tu bolso, maletín o carro o lo dejarás en tu casa esperando a que Jesús lo venga a retirar, eso lo eliges tú, seguramente en esos días alguien, algún pequeño, alguna persona con carencias, alguien que necesita, te dirá que le ayudes, ese es Jesús que viene a buscar su regalo, dáselo pero sobre todo, que la tarjeta o etiqueta esté en el regalo, entonces ese hermano leerá lo que tú has escrito, "Para Jesús que vive en Ti", te puedo asegurar que tu te emocionarás y esa persona que Dios ha puesto en tu camino, jamás olvidará lo que allí leerá y por siempre le quedará en su alma, entonces allí se habrá cumplido el Evangelio "Todo lo que hagas al más pequeño, a Mí me lo haces".
     
    Juntos hagamos que esta Navidad, nos deje una enseñanza en el alma, sé que todos tienen problemas económicos, al menos la gran mayoría, pero un regalo más no hará más pobre a ninguno de nosotros y les aseguro que será el regalo más valioso del mundo.
     
    Si deseas reenvía este mensaje, quizás a alguien le haga bien recibirlo y ponerlo en práctica, si somos un millón de almas haciendo esto, daremos 1'000,000 de regalos a Jesús, ¿qué tal?, uno solo no puede hacerlo todo, pero todos podemos hacer feliz a Jesús en cada hombre de la tierra.





     
     

    viernes, 27 de noviembre de 2009


    ¡El domingo ya empieza el Adviento!
    Cuatro domingos de Adviento tendrán que pasar para que ya, una vez más, estemos en Navidad…
    Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net


    Cuatro domingos de Adviento tendrán que pasar para que ya, una vez más, estemos en Navidad..

    Hoy es el primero y el advenimiento que vamos a celebrar es la conmemoración de la llegada del Hijo de Dios a la Tierra.

    Es tiempo de preparación puesto que siempre que esperamos recibir a una persona importante, nos preparamos.

    La Iglesia nos invita a que introduzcamos en nuestro espíritu y en nuestro cotidiano vivir un nuevo aspecto disciplinario para aumentar el deseo ferviente de la venida del Mesías y que su llegada purifique e ilumine este mundo, caótico y deshumanizado, procurando el recogimiento y que sean más abundantes y profundos los tiempos de oración y el ofrecimiento de sacrificios, aunque sean cosas pequeñas y simples, preparando así los Caminos del Señor.

    Caminos que llevamos en nuestro interior y que tenemos que luchar para que no se llenen de tinieblas, de ambición, de lujuria, de envidia, de soberbia y de tantas otras debilidades propias de nuestro corazón humano, sino que sean caminos de luz, senderos que nos conduzcan a la cima de la montaña, a la conquista de nuestro propio yo.

    Hace unos días celebrábamos el día de Cristo Rey. Cristo es un Rey que no es de este mundo. El reino que El nos vino a enseñar pertenece a los pobres, a los pequeños y también a los pecadores arrepentidos, es decir, a los que lo acogen con corazón humilde y los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los Cielos"…. y a lo "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas ocultas a los sabios y a los ricos.

    Es preciso entrar en ese Reino y para eso hay que hacerse discípulo de Cristo.

    A nosotros no toca ser portadores del mensaje que Jesús vino a traer a la Tierra.

    Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros desde su Encarnación. por "nosotros los hombres y por nuestra salvación hasta su muerte, por nuestros pecados" (1Co 15,3) y en su Resurrección "para nuestra justificación (Rm4,1) "estando siempre vivo para interceder en nuestro favor" (Hb 7,25). Con todo lo que vivió y sufrió por nosotros, de una vez por todas, permanece presente para siempre "ante el acatamiento de Dios en favor nuestro" (Hb 9,24).

    Cuatro domingos faltan para que celebremos su llegada. Días y semanas para meditar, menos carreras, menos cansancio del bullicio y ajetreo de compras y compromisos, de banalidades y gastos superfluos…. mejor preparar nuestro corazón y tratar de que los demás lo hagan también para el Gran Día del Nacimiento en la Tierra de Dios que se hace hombre.


    ESTO ES EL ADVIENTO. PREPARÉMOSNOS CON ILUSIÓN Y CON FE.





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  • Ma. Esther de Ariño

    martes, 24 de noviembre de 2009

    Evangelio del 23 de Noviembre


    ¿Dónde invierto mi vida?
    La mejor inversión de mis energías, de mi tiempo y de mi vida es: amar a Dios, amar a mis hermanos.
    Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

    Cada día me presenta diversos retos. Puedo acoger o rechazar. Puedo construir o destruir. Puedo amar u odiar.

    ¿En qué invierto mi vida? ¿A dónde van mis energías? ¿Qué queda de todo lo que pienso, lo que digo, lo que hago?

    El médico trabaja en los cuerpos, pero la vejez o las enfermedades acaban, tarde o temprano, con la vida de sus pacientes.

    El arquitecto y los albañiles levantan edificios. Pero basta un terremoto o un incendio para que una casa quede en ruinas.

    Los empleados de oficinas transcriben datos y datos, almacenan y clasifican informaciones. Pero un día hay que tirar carpetas inútiles a la basura o borrar los archivos viejos de la computadora.

    En la casa, sacudimos el polvo, barremos el suelo, lavamos la vajilla. Al poco tiempo, la suciedad reconquista el terreno perdido y parece que lo realizado no ha servido para nada.

    ¿Es mi vida un juego, un pasatiempo, una pasión inútil, como decía algún filósofo? ¿Es mi trabajo una inversión sin fondo, un desgaste por levantar torres de arena que sucumben ante el avance de las olas?

    Hay un modo distinto de invertir la propia vida. Lo que hacemos por amor, lo que dedicamos para servir al familiar cansando, al amigo angustiado, al desconocido que espera una mano amiga, no se pierde.

    Todo acto bueno, todo gesto sencillo de servicio, queda escrito en el corazón de Dios. Porque sabemos que el vaso de agua fresca dado al necesitado recibirá algún día su recompensa (cf. Mt 10,42).

    Esa es la mejor inversión de mis energías, de mi tiempo, de mi vida: amar a Dios, amar a mis hermanos. Porque incluso la fe y la esperanza, algún día, dejarán de ser necesarias. Pero el amor dura para siempre, porque viene de Dios, y Dios, Amor, es eterno.





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  • P. Fernando Pascual LC

    viernes, 30 de octubre de 2009

    Halloween. ¿Cristianismo o paganismo?

    Halloween ¿Cristianismo o paganismo?
    ¿Lo debe celebrar un cristiano?
    Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net


    No se puede negar que es divertido disfrazar a los pequeños de la casa y salir con ellos a pedir dulces por las calles, muchos de nosotros tenemos recuerdos gratos de las fiestas de Halloween en donde compartíamos dulces y echábamos mano de todo lo que estaba a nuestro alcance para confeccionarnos el mejor de los disfraces.

    Halloween, ¿Lo debe celebrar un cristiano?

    Pero no podemos pasar por alto que las fiestas que celebramos reflejan quiénes somos e influyen en nuestros valores. Desgraciadamente muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y la importancia de rezar por los muertos y se dejan llevar por costumbres paganas para festejar con brujas y fantasmas.

    "Halloween" significa (All hallow´s eve), del inglés antiguo, all hallows eve, o Víspera Santa, pues se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. La fantasía anglosajona, sin embargo, le ha robado su sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

    Raíces paganas de Halloween

    Ya desde el siglo VI antes de Cristo los celtas del norte de Europa celebraban el fin del año con la fiesta de Samhein (o La Samon), fiesta del sol que comenzaba la noche del 31 de octubre. Marcaba el fin del verano y de las cosechas. El colorido de los campos y el calor del sol desaparecían ante la llegada de los días de frío y oscuridad.

    Creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra fomentando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía aquella noche y haciendo posible la comunicación entre unos y otros. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos estaban atrapadas dentro de animales feroces y podían ser liberadas ofreciéndole a los dioses sacrificios de toda índole, incluso sacrificios humanos. Sin duda Samhein no es otro sino el mismo demonio que en todas las épocas busca implantar la cultura de la muerte.

    Aquellos desafortunados también creían que esa noche los espíritus malignos, fantasmas y otros monstruos salían libremente para aterrorizar a los hombres. Para aplacarlos y protegerse se hacían grandes hogueras. Estas hogueras tuvieron su origen en rituales sagrados de la fiesta del sol. Otras formas de evitar el acoso de estos macabros personajes era preparándole alimentos, montando macabras escenografías y disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibidos sus miradas amenazantes.

    ¿Como sabía aquella gente la apariencia de brujas, fantasmas y monstruos?. Al no conocer al verdadero Dios vivían aterrorizados ante las fuerzas de la naturaleza y las realidades del sufrimiento y la muerte. De alguna forma buscaban desahogar aquella situación dándole expresión en toda clase de fantasías. Todo lo feo, lo monstruoso y lo amenazante que se puede imaginar en figuras de animales y seres humanos constituye la base para darle riendas libres a la imaginación del terror.

    Mezcla con el cristianismo

    Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas. Es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, que es el día siguiente, hizo que algunos las mezclaran. En vez de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos.

    Algunos inmigrantes Irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos donde llegó a ser parte del folklore popular. Se le añadieron diversos elementos paganos tomados de los diferentes grupos de inmigrantes hasta llegar a incluir la creencia en brujas, fantasmas, duendes, drácula y monstruos de toda especie. Desde USA, Halloween se ha propagado por todo el mundo.

    Algunas costumbres de Halloween

    Trick or Treat

    Los niños (y no tan niños) se disfrazan (es una verdadera competencia para hacer el disfraz mas horrible y temerario) y van de casa en casa exigiendo «trick or treat» (truco o regalo). La idea es que si no se les da alguna golosina le harán alguna maldad al residente del lugar que visitan. Para algunos esto ha sido un gracioso juego de niños. Ultimamente esta práctica se ha convertido en algo peligroso tanto para los residentes (que pueden ser visitados por una ganga violenta), como para los que visitan (Hay residentes que reaccionan con violencia y han habido casos de golosinas envenenadas).

    La Calabaza

    Según una antigua leyenda irlandesa un hombre llamado Jack había sido muy malo y no podía entrar en el cielo. Tampoco podía ir al infierno porque le había jugado demasiados trucos al demonio. Tuvo por eso que permanecer en la tierra vagando por los caminos, con una linterna a cuesta. Esta linterna primitiva se hace vaciando un vegetal y poniéndole dentro un carbón encendido. Jack entonces se conocía como "Jack of the Lantern" (Jack de la Linterna) o, abreviado, Jack-o-´Lantern. Para ahuyentar a Jack-o-´Lantern la gente supersticiosa ponía una linterna similar en la ventana o frente a la casa. Cuando la tradición se popularizó en USA, el vegetal con que se hace la linterna comenzó a ser una calabaza la cual es parte de las tradiciones supersticiosas de Halloween. Para producir un efecto tenebroso, la luz sale de la calabaza por agujeros en forma del rostro de una carabela o bruja.

    Fiestas de Disfraces

    Una fiesta de disfraces no es intrínsecamente algo malo. Pero si hay que tener cuidado cuando estas se abren a una cultura desenfrenada como la nuestra. Detrás de un disfraz se pueden hacer muchas cosas vergonzosas con impunidad. Con frecuencia se hace pretexto para esconderse y aprovecharse de la situación. Como hemos visto, los disfraces de Halloween tienen origen en el paganismo y por lo general aluden a miedo y a la muerte. Hoy día con frecuencia los disfraces se burlan de las cosas sagradas. Vemos, por ejemplo, disfraces de monjas embarazadas, sacerdotisas, pervertidos sexuales, etc. Nada de eso es gracioso y solo puede ofender a Dios.

    Con el reciente incremento de satanismo y lo oculto la noche de halloween se ha convertido en la ocasión para celebrar en grande toda clase ritos tenebrosos desde brujerías hasta misas negras y asesinatos. Es lamentable que, con el pretexto de la curiosidad o de ser solo por pasar el tiempo, no son pocos los cristianos que juegan con las artes del maligno.

    Jesucristo es la victoria sobre el mal

    La cultura moderna, jactándose de ser pragmática y científica, ha rechazado a Dios por considerarlo un mito ya superado. Al mismo tiempo, para llenar el vacío del alma, el hombre de hoy retrocede cada vez mas al absurdo de la superstición y del paganismo. Ha cambiado a Dios por el mismo demonio. No es de extrañar entonces que vivamos en una cultura de la muerte en la que millones de niños son abortados cada año y muchos mas mueren de hambre y abandono.

    Es más fácil dejarse llevar por la corriente de la cultura y regresar al miedo, a la muerte y a un "mas allá" sin Dios porque, sin la fe, el hombre se arrastra hacia la necesidad de protegerse de fuerzas que no puede dominar. Busca de alguna manera con sus ritos exorcizar las fuerzas superiores.

    Como católicos, profesamos que solo Jesucristo nos libera de la muerte. Solo Él es la luz que brilla en la oscuridad de los largos inviernos espirituales del hombre. Solo Él nos protege de la monstruosidad de Satanás y los demonios. Solo Él le da sentido al sufrimiento con su Cruz. Solo Él es vencedor sobre el horror y la muerte. Solo Dios basta para quién ha recibido la gracia y vive como discípulo de Cristo. Ante Cristo la cultura de la muerte cede el paso al amor y la vida.

    Alternativas a Halloween

    Los cristianos debemos no solo desenmascarar el mal sino ser además luz en las tinieblas. Debemos abogar por el retorno a la verdadera celebración de la Fiesta de Todos los Santos y la riqueza del festejo del Día de muertos . Se pueden hacer muchas celebraciones en torno al recuerdo de los santos.
    Un ejemplo puede ser nuestro Proyecto: Fiesta de Todos los Santos

    Los niños se pueden disfrazar de un santo favorito y aprenderse su vida, especialmente sus virtudes, con el fin de imitarlas. Los mayores pueden leer acerca de los santos, tener una fiesta en honor a un santo favorito de la comunidad o de la familia.

    En algunas comunidades que aun se mantienen cristianas se puede renovar la costumbre de pueblos españoles de ir de puerta en puerta cantando, tocando instrumentos musicales y pidiendo dinero para las «ánimas del Purgatorio».

    Aquellos que hagan el esfuerzo por vivir su fe lograrán en la Fiesta de Todos los Santos recordar que todos somos llamados a la santidad. Podrán conocer la vidas maravillosas de los santos que les ayudarán a vivir el Evangelio. Encontrarán además grandes amigos que intercederán desde el cielo por su salvación.

    Si tienes alguna duda escribe al Padre Jordi Rivero

    Consulta también Halloween, Origen, Mitos y Realidades

    Novena de oración por nuestros difuntos

    miércoles, 28 de octubre de 2009

    Evangelio del Miércoles 28 de Octubre



    Salía de Él una fuerza que sanaba

    Lucas 6, 12-19. Fiesta Simón y Judas, apóstoles. Nuestras grandes decisiones deben surgir tras un encuentro con Dios en la oración.
    Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
    Lucas 6, 12-19


    Por aquellos días subió Jesús al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.


    Reflexión:


    La oración fue una compañera inseparable de Jesús. En todo el Evangelio le vemos orando, sobre todo en los momentos más decisivos de su vida: antes del Bautismo, al realizar varios milagros, en la Última Cena, en el Huerto de los Olivos, en la Cruz, etc.

    Aquí se nos narra la elección de los Doce apóstoles. Eran los hombres con los que iba a comenzar la Iglesia y debían ser aptos para llevarla a buen término con paso firme.

    Por tanto, era una decisión importante, que no podía hacerse con prisas y a la ligera. Necesitaba dedicar una noche entera para consultarla con su Padre.

    De la misma manera, todas nuestras grandes decisiones deberían surgir tras un encuentro con Dios en la oración. Por ejemplo, al elegir una carrera, al optar por la vida matrimonial o seguir una vocación religiosa, etc. También debemos rezar cuando llegan situaciones difíciles en el trabajo o en la familia, ya que Dios nos puede ayudar a encontrar la solución más adecuada.

    ¿Y cómo sabemos si la respuesta viene realmente de Dios? Cuando Dios “ilumina” un alma por la acción del Espíritu Santo le envía algunas señales, por ejemplo, una profunda paz interior, alegría, amor, etc.

    Es lo que llamamos “frutos del Espíritu”. Y por si hubiera dudas, nos damos cuenta de que esa solución está completamente de acuerdo con lo revelado en las Sagradas Escrituras. También es provechoso contar con la ayuda de un buen sacerdote que nos pueda orientar a encontrar la voluntad de Dios para nosotros, ya que ellos reciben unas gracias especiales para ejercer su ministerio.

    martes, 27 de octubre de 2009

    Evangelio del Martes 27 de Octubre


    El grano de mostaza y la levadura
    Lucas 13, 18-21.
    Tiempo Ordinario.
    Sembremos semillas de perdón, alegría, unión y fortaleza entre nuestros familiares y amigos.

    Autor: Misael Cisneros |
    Fuente: Catholic.net
    Lucas 13, 18-21

    En aquel tiempo dijo Jesús: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

    Reflexión Hay que apostar por ideales nobles en esta vida. Decidirnos a cambiar la venganza por el perdón, el egoísmo por la generosidad, el odio por el amor, la debilidad ante las dificultades por la fortaleza ante ellas. Los muchos avatares en esta vida nos impiden ver el bien que Dios tiene preparado en nuestro futuro. Cristo nos lo enseña comparando el Reino de los cielos con un grano de mostaza.

    Una semilla tan insignificante por su pequeñez que seguramente un no entendido de semillas la hubiese tirado a la basura. Sin embargo, en su pequeñez se encierra su grandeza. Podríamos pensar que una minucia de ese tamaño no sirve para nada. Pero si conociésemos lo que viene después, pagaríamos lo que fuese por conseguirla. De la misma forma son los ideales por los que hay que apostar y pagar lo que sea. Al inicio no vemos el provecho personal que hay en perdonar a quien nos ofendió o prestar ayuda a quien lo necesita porque no vemos más que “una insignificante semilla de mostaza”, y lo es. Pero pensemos también que el fruto que viene después será inmensamente superior al que nosotros esperábamos.

    Sembremos estas semillas del perdón, de la alegría, de la unión, de la fortaleza entre nuestros familiares y amigos pero sobre todo en nuestro propio corazón. Son semillas que en su pequeñez se encierra su grandeza y provecho para nuestra vida.

    lunes, 19 de octubre de 2009

    Evangelio del Lunes 19 de Octubre de 2009.


    Cuidado con la avaricia
    Lucas 12, 13-21. Tiempo Ordinario. Confiemos en Dios, que mirándonos con amor nos dará muy por encima de lo que pidamos e imaginemos.
    Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
    Lucas 12, 13-21


    Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». El le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?» Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes». Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?" Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea." Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».


    Reflexión


    Este Evangelio es engañador para quien lo lee superficialmente: ¿es malo tener grandes cosechas? ¿es malo construir graneros donde guardarlas? Nada de eso. Cristo elogiará siempre a los hombres sagaces y prudentes.

    El problema está en el alma. El desdichado protagonista de la parábola invita al alma a descansar, a dejar todo esfuerzo porque tiene todo lo suficiente para vivir. Cristo está refiriéndose en estas líneas a la eterna tentación de todo pueblo y toda persona que alcanza cierto nivel de bienestar: creer que ya no necesita de Dios por tener cubiertas las necesidades corporales.

    Cuando el hombre tiene pan, placeres, seguridad social y pasatiempos apetecibles, no siente la necesidad de Dios y tampoco cree que el demonio actúe, pues a él no le toca. Pero también los hay que gozan de su avanzada sociedad occidental, que tienen su casa, su coche, su salario que les permite vivir holgadamente, pero eso sí, no olvidan que el alma necesita trabajar y hacer obras buenas, y además, comparten lo que tienen poniéndolo al servicio del Evangelio y de sus hermanos. Por buenos que ya seamos, por muchas conquistas que hayamos logrado con nuestras oraciones, sufrimiento y esfuerzos no es suficiente si seguimos en la tierra y no estamos exentos de sucumbir a la tentación.

    La vida es el periodo de tiempo, corto, que tenemos para decidir nuestra eternidad, y para amar. Cada día mueren millones de personas, un día será el tuyo y el mío. Un día todo esto habrá acabado y tenemos en nuestras manos que ese día sea el mejor de nuestra vida. Hemos de trabajar sin descanso, pensando en el día que todo será descanso. Puede que la idea del cielo no nos incentive demasiado, que prefiramos un premio terrenal, que creamos que el cielo es una levitación aburrida…, no desconfiemos, cuentan de aquel pobre vagabundo que pidió a un rey una moneda y éste le miró con cariño y le lavó, le vistió con las mejores galas y lo llevó a palacio. No nos quedemos con la moneda de la felicidad terrenal, confiemos en nuestro Rey que mirándonos con amor nos dará muy por encima de lo que pidamos e imaginemos. Todo lo que deseamos y mucho más está en el cielo, pues ¡vamos a llenarlo!, vamos a dedicar nuestra vida a hacer felices a los hombres, a llevarles al cielo.

    Domingo Mundial de las Misiones


    Día Mundial de las Misiones
    A vivir este día con plenitud el mandato misionero de Jesús: “Vayan vayan, prediquen mi Evangelio"
    Autor: Ma Esther De Ariño
    Fuente: Catholic.net


    No nos podemos quedar indiferentes al saber que millones de hombres redimidos, como nosotros, por la Sangre de Cristo, viven aún sin conocer a fondo el amor de Dios. Es el mandato de Cristo cuando vino a la Tierra.

    La Iglesia católica es misionera por naturaleza y por lo tanto la evangelización constituye un deber, un derecho y una obligación de cada uno de sus miembros que somos nosotros, los fieles.

    El Señor nos llama a compartir con otros los bienes que poseemos, en primer lugar el tesoro de la fe, que no podemos considerar un privilegio privado sino un Don que hemos de repartir con aquellos que no lo han recibido todavía. De esto se beneficiará también la fe misma, ya que esta se fortalece dándola.

    Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jesuralén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la Tierra (Hech, 1,8).

    Las necesidades materiales de las Misiones son muchas y aumentan cada día. Los sacrificios económicos y generosidad de los fieles son indispensables para construir esa Iglesia-Misionera y testimoniar la caridad.

    "La esperanza cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la nueva evangelización, para la misión universal y nos lleva pedir, como Jesús nos ha enseñado: - "Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (MATG, 1O) (RM, 86)

    Los sacerdotes tienen un arduo y escarpado camino a recorrer para darle a los fieles la enseñanza clara, valiosa y concreta de las verdades de la fe.

    Trabajo sin tregua ni descanso nos pide nuestro Papa Benedicto XVI a la Iglesia, la Iglesia que somos nosotros, aunque no seamos sacerdotes, nos corresponde a todos y cada uno extender el Reino de Cristo y llevarlo con nuestro testimonio a donde quiera que vayamos.

    Este domingo dedicado a las Misiones vamos a hacer un esfuerzo en nuestra economía y vamos a dar lo más que podamos con el ánimo alegre y generoso, sabiendo que esa aportación servirá para esos misioneros que están en tan lejanas tierras dando su vida, llena de dificultades, necesidades, y gran soledad, con el amor de llevar "hasta los confines del mundo" la palabra de fe y esperanza en el conocimiento de Dios.

    Necesitan de nuestras oraciones…. ¡oremos por ellos, no los olvidemos! Pero también ayudemos, con lo que podamos, con mucha generosidad, porque son inmensas sus necesidades materiales cuando están al frente de una misión perdida en lejanas tierras, con personas enfermas y con muy pocos recursos. De esta manera, con todas nuestras comodidades, podemos sentirnos …. "un poco misioneros también ".

    A vivir este día con plenitud el mandato misionero de Jesús: “Vayan vayan, prediquen mi Evangelio bauticen a las personas y háganles vivir en el amorháganles vivir compartiendo sus propios bienes hasta ser comunidades vivas, florecientes, entregadas donde Cristo pueda ser para todos los hombres el PAN DE VIDA, EL PAN QUE SE ENTREGA POR LA SALVACIÒN DE TODOS LOS HOMBRES.

    miércoles, 7 de octubre de 2009

    Reflexión Evangelio del 07 de octubre de 2009.


    Jesús enseña el Padrenuestro
    Lucas 11, 1-4. Tiempo Ordinario. Recemos el Padrenuestro, No dudemos de repetirlo en nuestros corazones en los momentos de dificultad. En ella está la paz del alma.
    Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net
    Lucas 11, 1-4


    Un día Jesús estaba orando y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».


    Reflexión


    Muchas veces he contemplado la escena de una madre en la iglesia. Ella arrodillada, después de la comunión tiene a un lado a su hijito. Éste de repente la interrumpe con una pregunta: Mami, ¿qué estás haciendo? La respuesta no se hace esperar: Rezar, hijito. Si esto sucede dentro de una familia, ¿qué no habrá pasado en el grupo de los apóstoles?

    Los apóstoles habrán visto rezar muchas veces a Cristo. Les ha cautivado su manera de relacionarse con su Padre. Por eso, cansados de sólo ver, le hacen la pregunta del millón: "¿puedes enseñarnos a orar como lo hizo Juan con sus discípulos?" ¡Qué gracia hemos tenido con esa respuesta! ¡Poder hablar con Dios de forma directa y llamándolo "Padre".

    Aprendamos a apreciar esa oración que Cristo nos enseñó. Es de un mensaje inigualable porque con ella podemos hablar a Dios pidiéndole lo que más necesitamos: "danos pan, perdónanos, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal". No tengamos miedo de repetirla en nuestros corazones en los momentos de dificultad. En ella está la paz del alma. Es un pequeño sacrificio, pero vale la pena aprender a orar

    miércoles, 30 de septiembre de 2009

    En Octubre, no dejes de rezar el Rosario

    Fuente: Catholic.net
    Autor: Ma Esther de Ariño




    Octubre lo celebramos como el mes del rosario.

    Rezar el rosario para algunas personas es un tiempo desperdiciado en una letanía de repetidas oraciones, que en la gran mayoría, están dichas de una manera distraída y maquinalmente. Pero no es así. El hecho de ponernos a rezarle ya es un acto de amor a la Madre de Dios. Es una súplica constante y repetida para pedir perdón y rogarle por nosotros y por todos los hombres en el presente y también en la hora de la muerte.

    Rezar el rosario es meditar en los Misterios de la Vida de Cristo, de suerte que el rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos, los momentos luminosos y transcendentales y glorificación del Señor, siempre acompañado de los momentos de grandeza de la Santísima Virgen, su Madre, siendo así una síntesis de su obra Redentora.

    Rezar el rosario es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aún las menos instruidas y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y contemplación. El Padrenuestro con el que se empieza cada Misterio es la oración que Cristo nos enseñó y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse de repetirlo. En cuanto el Avemaría, toda ella está centrada en el Misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho Misterio. Aunque en el Avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse en Ella y hacerse hombre para su Misión redentora.

    La Santísima Virgen en sus repetidas apariciones , siempre ha sido la súplica más importante que en sus mensajes nos ha dado. Ella nos ha pedido que recemos el rosario. Ella nos lo pide insistentemente porque tiene su rezo un GRAN VALOR. Quiere que repitamos una y otra vez la súplica, la alabanza, con la esperanza puesta en su gran amor por toda la Humanidad.

    Tal vez, por lo repetitivo del rezo, como decía Santa Teresa, la "loca de la casa", nuestra mente, se nos vaya de aquí para allá en pertinaz distracción, pero aún así nuestro corazón y nuestra voluntad está puesto a los pies de la Madre de Dios, y esas Avemarías son como el incienso que sube en oscilantes volutas hasta el corazón de nuestra Madre la Virgen Santísima.

    Nuestro mundo se está olvidando de rezar. Tenemos fe, creemos en Dios pero no hablamos con El. El mundo actual, ahora más que nunca, necesita de muchos rosarios.

    Hagamos un alto en nuestro diario vivir. Quince minutos tan solo...y con seguridad que el mundo y "nuestro mundo" será mejor.

    martes, 29 de septiembre de 2009

    Evangelio del 29 de septiembre de 2009.




    Los ángeles, mensajeros de Dios

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Clemente González
    Juan 1, 47-51


    Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre
    .


    Reflexión


    Los grandes arcángeles de Dios testimonian para nosotros la fidelidad y la pasión y celo con que los hijos de Dios han de alabar a su Creador. Ellos, lejos de ser seres desconocidos y “mitológicos” representan los mejores compañeros de viaje, los mejores sanadores del corazón, los mejores defensores de los intereses de Dios en el mundo.

    San Miguel es el fiero defensor de Dios. La narración del Apocalipsis nos lo muestra expulsando a satanás de los dominios de Dios, al gran traidor y padre de la mentira que osó rebelarse contra un Dios tan bondadoso. Encendido de celo por el Señor blandió la espada y arrojó a todos los obradores de iniquidad al único lugar en donde pudiesen soportar su soberbia y su rebelión. Por eso san Miguel es en quien el cristiano halla el mejor baluarte para defenderse de las asechanzas demoníacas y gran modelo de fidelidad a Dios. De él hemos de aprender el celo por las cosas de Dios, celo que consume de pasión y que lleva a una acción inmediata, tajante, sobre todo cuando Dios se está viendo ofendido por sus enemigos que incitan sin cesar a la rebelión y desunión.

    San Gabriel quizás fue el más afortunado de entre todas las criaturas celestes. A él siempre lo mandaron a dar mensajes. A él le tocó dar el mensaje más hermoso jamás oído a la criatura más hermosa jamás vista. Hablar de él lleva irremediablemente a la contemplación de la Toda Pura, Nuestra Madre de cielo, María. Su ejemplo nos debe enseñar a predicar sin miedos los designios de Dios a nuestros hermanos en la fe y, sobre todo, a testimoniar las maravillas obradas por Dios en Ella. Levantemos confiados la mirada a la Madre y pidamos auxilio al arcángel mensajero para ser fieles a la palabra de Dios en el mundo.

    San Rafael representa la mano providente de Dios que no se olvida de sus hijos que sufren en el mundo. A él le tocó sanar muchas heridas del cuerpo y, sobre todo, del alma. Por eso es el arcángel que cura, que alivia las penas del alma, que sabe confortar y comprender al que sufre. De él hemos de aprender a ser un consuelo más que un horrible peso, para el hermano que lo necesita. De él, la confianza inamovible en la acción cierta de Dios en el mundo.
    De los tres hemos de aprender a saber servir más que ser servidos. Porque los ángeles son ministros de Dios. Y de los tres a estar pendientes de su cierta acción en favor nuestro. ¿Quién sabe si un día cualquiera hemos sido ayudados por un ángel del Señor? No cerremos las puertas a nadie, no sea que se las estemos cerrando a uno de estos mensajeros, o más terriblemente, al mismo Señor de la vida y de la historia.

    lunes, 28 de septiembre de 2009

    Octubre, mes del Rosario.


    Dios te salve

    Te saludamos con sonrisas, flores, y canciones
    Oh María, la mujer más digna del amor.
    Desde niño me enseñaron esta oración mis padres
    queriendo que yo te amara y venerara
    como ellos lo hacían.
    Y desde entonces sigo rezando y cantando
    esta bella plegaria todos los sábados
    y a la hora del rosario cotidiano.
    Dios te salve, maravilla de mujer y de Madre,
    lirio hermoso de los valles y praderas.
    Pensando en Ti me vuelvo poeta
    me dan ganas de cantar.
    Mis versos son para Ti,
    mis canciones te las canto a Ti.


    Reina y Madre de misericordia

    Lo que más necesitamos es misericordia,
    porque somos infinitamente miserables.
    Tu amor inmenso hacia tus hijos se convierte
    en océano de bondad, de misericordia, y de piedad.
    Te agradecemos tu amor, tu virtud excelsa,
    veneramos tu grandeza incomparable
    pero sobre todo agradecemos
    la misericordia de tu rostro y de tu corazón.
    Tienes ojos y corazón hechos de bondad.
    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…


    Vida nuestra

    Nos animas a vivir,
    Haces feliz nuestra vida,
    Nos otorgas calidad de vida,
    porque contigo vale la pena vivir.
    No vamos solos por la vida.
    ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
    Tú lo dijiste. Y cumples las promesas.


    Dulzura

    Suavidad, serenidad, paz.
    Contigo estamos al abrigo de tormentas y huracanes.
    Tu corazón es refugio montañero,
    es brisa de primavera, es cantar de pajarillos,
    es cristalina fuente,
    dulzura de la vida, de mi vida.


    Y esperanza nuestra

    Todo lo espero de Dios por medio de Ti,
    porque Dios te ama muchísimo
    y Tú me amas muchísimo.
    Contigo no cabe la desesperanza y la tristeza.
    En las orillas de tu manso río
    crecen los pastos y las flores en toda estación.
    Tú eres una eterna primavera,
    rosal florido, perfumado, digno de contemplarse.
    De Ti lo espero todo y más de lo que esperan
    todos los niños de sus mamás.
    Espero que me lleves al cielo.
    Espero que me hagas feliz.
    Espero contemplarte en el cielo
    en un éxtasis de amor.
    Eres hermosísima paloma blanca
    que vuelas en mi jardín.
    Alegras mis días y mis noches.
    Me haces sonreír y mirar hacia delante
    con ilusión y entusiasmo.
    La vida sin Ti no tendría sabor ni sentido.
    Pero contigo sí quiero vivir.
    Quiero contemplarte en el lirio del campo,
    en la rosa perfumada, en el blanco clavel,
    en todas las flores de las praderas,
    en las estrellas de la noche.


    Dios te salve

    Te saludamos, te cantamos,
    te llevamos mañanitas, Oh dulce madre.
    Dios te salve.


    A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva

    Fuimos hijos de Eva para desgracia nuestra.
    Pero somos hijos tuyos para completa felicidad.
    Si triste y dura fue la herencia de nuestra madre Eva,
    inmensamente rica es la herencia
    que nos viene de Ti.
    El destierro se dulcifica
    porque Tú nos acompañas cada día.
    Así nuestro desierto florece y se vuelve llevadero.
    ¡Qué dura sería la vida sin tu dulce compañía!
    ¡Qué cardos, qué espinas no produciría!
    Pero entre los cardos y espinas tu mano amorosa
    ha plantado muy bellas rosas.


    A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas

    Siempre nos quedas Tú.
    En medio de los peligros eres refugio,
    pararrayos contra la justa ira de Dios.
    En medio de las lágrimas, eres consuelo.
    Tus hijos pueden sufrir, por ser ley todos,
    pero nunca desesperan.
    Saben mirar a través de las lágrimas
    tu rostro materno que les llena de esperanza.


    Ea, pues, Señora, abogada nuestra…

    El nombre de abogada significa defensora.
    Tú nos defiendes del maligno,
    del que atacó a nuestra madre Eva en el Paraíso,
    y la hirió pasándonos la herida.
    Tú nos libras de peligros y tentaciones
    que nos pudieran hacer perecer.
    Contigo llevamos la frente alta por la vida,
    hasta el destino final que es el cielo.
    Desde allí intercede ante tu Hijo
    por cada uno de tus hijos,
    por mí también.


    Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos

    Sí, tus ojos...
    Yo quiero asomarme a tus ojos, contemplarlos,
    porque sólo de mirarlos me curo de mis tristezas,
    su alegría se me contagia,
    su pureza infinita se me participa.
    Tus ojos, Madre Virgen, son océano
    de gracia y de pureza.
    Por eso necesito mirarlos, contemplarlos,
    para que la bienaventuranza de los puros de corazón
    me toque a mí también.
    Nos miras con amor y misericordia.
    Necesitamos de ambas realidades a morir.
    porque somos débiles y miserables en abundancia.
    Misericordia es lo que suplicamos.
    Suplicamos a la misericordiosa Virgen.
    Suplicamos a la más amorosa Madre.
    A través de tus ojos aspiramos esa misericordia
    y ese amor.
    Es lo mejor que nos puedes regalar.
    Eres misericordia y eres amor,
    dos realidades que heredaste de Dios,
    para regalarlas a tus hijos.


    Y, después e este destierro…

    Destierro, porque la patria no está aquí.
    Porque la tierra, que es en sí hermosa,
    se nos vuelve inhóspita y agraz, al pensar en el cielo.
    Destierro, porque aquí te tenemos y tenemos a Dios,
    pero todavía no es del todo y para siempre.
    Podemos perderte, podemos perder a Dios,
    ¡Oh terrible posibilidad!
    En el cielo Tú serás nuestra y nosotros tuyos
    del todo y por toda la eternidad.
    ¡Qué inmensa beatitud!


    Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre

    Lo más grande que Tú tienes es Jesús.
    Muéstranoslo, queremos verlo, conocerlo,
    amarlo entrañablemente.
    Desde que fuiste Madre de Jesús,
    nunca podrás separarte de Él, es tu hijo.
    Pero lo mismo que a Él, nos has engendrado
    a cada uno de nosotros.
    Somos por eso sus hermanos y tus hijos.
    Ser hijo no siempre es bien valorado por éste
    pero ser madre es muy bien conocido por ella.
    Yo no conozco bien lo que significa ser tu hijo,
    pero Tú sí sabes lo que significa ser mi madre.
    Jesús es el hermano mayor y especial.
    Debemos asemejarnos a Él.
    danos la gracia de conocerlo como Tú lo conoces:
    Un Dios amor que nos quiere
    hasta la muerte de cruz,
    que nos dio a su Madre, a Ti, para cada uno.
    Déjanos ver su rostro, déjanos conocer su corazón,
    concédenos amarlo con todas nuestras fuerzas.


    Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María

    Clemente, piadosa y dulce:
    la trilogía de la misericordia encarnada en Ti.
    Permítenos beber en tu fuente
    el agua dulce de tu piedad.
    Estamos tan necesitados de clemencia,
    dulzura y piedad.
    Pero tu fuente rebosa de esa agua pura.
    Virgen María dulce: Eres el rosal sin espinas,
    belleza de rosas perfumadas:
    corremos al olor de tus perfumes.
    Virgen María clemente: De Dios lo aprendiste,
    Oh Madre del hijo pródigo.
    Si algo sabes hacer con excelencia,
    es el arte de la misericordia con tus hijos pecadores.
    Necesitamos tanto tu capacidad de compasión,
    porque somos pecadores maltratados por Satanás.
    Virgen María piadosa:
    Te compadeces del pecador,
    de sus heridas purulentas, no queriendo ver su culpa.
    Respondes con piedad y misericordia
    a la negra ingratitud, como tu Hijo.
    Misericordia del Hijo, misericordia de su Madre.
    Gracias por ser dechados de piedad para nosotros,
    que, si algo necesitamos, es misericordia y piedad.

    Evangelio del 28 de septiembre de 2009.


    ¿Quién será el mayor?

    Fuente: Catholic.net
    Autor: Roberto Carlos Estévez
    Lucas 9, 46-50

    En aquel tiempo se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

    Reflexión

    En esta ocasión, los discípulos también se preocupan por saber quién sería el mayor de entre ellos. Suele suceder que en un grupo humano siempre hay uno o unos pocos que mandan y que en definitiva son los importantes. Los importantes en este mundo ocupan los primeros puestos, tienen muchos servidores a su disposición y quieren que se les tome en cuenta. Cristo conocía el corazón humano y conocía el corazón de sus doce pescadores. Por ello, les previene de la forma más sencilla, a través del ejemplo de un niño. Porque si hay alguien en esta vida que nos da ejemplo de sencillez, naturalidad, candidez, franqueza son los niños. Quien sino ellos son el ejemplo auténtico de humildad de espíritu. Por tanto, recibir a un niño en medio de nosotros significa acoger en nuestro corazón todas las virtudes que él representa. Y del mismo modo si queremos llegar a Cristo no nos queda otro camino más que el de la sencillez y humildad, el del servicio desinteresado a nuestro prójimo y en definitiva el camino de hacernos pequeños ante los demás que significa cortar todo engreimiento, vanidad y presunción delante de nuestro prójimo, y vivir para los demás olvidado totalmente de uno mismo.

    Evangelio del domingo 27 de septiembre de 2009


    ¿Es cuestión de fanatismo?
    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Sergio A. Córdova
    LC
    Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

    Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.» «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.


    Reflexión

    Recuerdo lo que me sucedió hace ya más de veinte años, cuando vine a Roma por primera vez. Yo era un joven seminarista. Fui a la Plaza de San Pedro, al Vaticano, con un grupo de compañeros sacerdotes. Me tocó estar al lado de un señor napolitano y, al poco rato, comenzamos a platicar. Sin yo preguntarle nada, él me dijo que era muy católico y que creía mucho en Dios. Yo lo felicité y, después de algunos comentarios por el estilo, me atreví a hacerle una pregunta: – “Oiga, amigo –le dije– ¿usted va a misa todos los domingos?”. Y el buen napolitano, entre extrañado y sobresaltado, me respondió: –“Padre, yo soy católico, pero no fanático”. Me quedé de piedra. Tristemente, yo creo que esto mismo es lo que piensan hoy en día muchos católicos... Tal vez no lo digan así, tan abiertamente, pero así viven. Sí, se proclaman católicos y muy creyentes, –¡no faltaba más!–, pero van a misa muy de vez en cuando, no frecuentan los sacramentos y dicen que sólo oran y van a la iglesia “cuando les nace”. ¿Qué tipo de católicos tenemos en nuestra Iglesia? Y si esto sucede en América, desgraciadamente en los países de Europa la situación está muchísimo peor en este sentido...

    En el Evangelio de hoy tal vez podemos encontrar una respuesta a este problema. Nuestro Señor no habla directamente del culto público de la religión o de la práctica de la fe. Pero creo que sus palabras nos pueden ofrecer una luz para iluminar esta situación. Nos dice: “Si tu mano te hace caer, córtatela, pues más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo, pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusasno no muere ni el fuego no se apaga”. ¿Qué relación tienen estas palabras con la práctica religiosa? Es cierto que nuestro Señor está hablando aquí del escándalo, pero con un lenguaje tan claro y contundente que nos ayuda a entender bien su mensaje. Nos está invitando a adoptar una actitud de autenticidad en nuestros comportamientos y de radicalidad en nuestras opciones de vida; a no ser mediocres ni conformistas; a no contentarnos nunca con el “ahí se va” tan típico de nuestra cultura mexicana.
    Y a propósito de esto, me viene ahora a la memoria una simpática historia que nos puede iluminar.

    Se cuenta que un hombre recién convertido iba un día caminando a toda prisa, mirando por todas partes, como buscando algo con ansiedad. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: –“Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”. El anciano, encogiéndose de hombros, le contestó: –“Depende del tipo de cristiano que ande buscando”. –“Perdone –dijo contrariado el joven–, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos de cristianos que hay. Sólo conozco a Jesús”. Y el anciano añadió: –“Pues sí amigo; hay de muchos tipos y para todos los gustos. Hay cristianos por tradición, cristianos por cumplimiento y cristianos por costumbre; cristianos por superstición, por obligación, por conveniencia; y también hay cristianos auténticos...”
    –“¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”–exclamó el hombre emocionado. –“¡Vaya! –dijo el anciano con voz grave–. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”. –“¿Cómo podré reconocerle?”. Y el anciano contestó tranquilamente: –“No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle.

    Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo semipodrido. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde va, siempre deja una huella”.
    Y esto, querido amigo lector, no es fanatismo, sino autenticidad y coherencia de vida. Es ser cristiano y católico de verdad, de cuerpo entero, y no mediocre y conformista. No sólo de los que se llaman cristianos, sino de aquellos que se han tomado en serio el Evangelio y lo testimonian con sus obras y con su vida.

    No tengamos miedo tomarnos nuestra fe en serio y ser cristianos como San Pablo o al estilo de los santos y de los mártires. ¿También tú dejas una huella allí por donde pasas? ¿o ni siquiera se dan cuenta los demás de que eres un cristiano auténtico? Pues ¡se debería notar, amigo mío!