jueves, 24 de abril de 2008

Madre del Salvador, intercede por nosotros


"Qué María, la Madre de la Iglesia, interceda por nuestras familias para que sean células de vida, de unión y verdadero amor".

¡Madre del Salvador, intercede por nosotros!


María, en la actualidad, es una imagen que pocas veces observamos, y no me refiero a las figuras que nos la recuerdan, sino de la imagen de Madre en el sufrimiento, Madre en los problemas, Madre intercediendo por todos sus hijos, hoy en día, se nos ha olvidado acompañar a Cristo en la Cruz, y acompañarlo en su pasión hasta su muerte; ¿Cuál Cruz? La cruz de cada día, las enfermedades de los hijos, las pequeñas o grandes dificultades que cada día llegan y que olvidamos voltear al cielo y decirle "Madre, ayúdame a tener la fortaleza que tu tuviste al ver a tu hijo en sufrimiento", quien mas que ella nos puede comprender, si tuvo entre sus manos el amor hecho carne, y observó como nosotros los hombres, destruimos, desgarramos el amor y los hacemos pedazos, en su propio hijo, en el hijo de Dios, en Dios mismo; ¿Cuál muerte?, cuando se es Madre se muere y se vive al mismo tiempo, cuando Dios te concede la gracia de prestarte uno de sus hijos y te lo da a su cuidado, mueres a tu belleza, pues después de 9 meses tu cuerpo no es el de antes, mueres a tu descanso, pues no vuelves a dormir igual, mueres a tu egoísmo, pues ya no vives para ti, sino para los demás, en cambio Dios te da la vida al dar la vida por tus hijos, así María dio su juventud, y toda su vida por amor a Cristo y por amor a todos nosotros, hijos adoptivos, que una tardé en medio del dolor mas grande de una Madre, Dios mismo nos regaló el don mas grande en la Tierra, el ser mas puro, y que mas sabe lo que es la Donación, nos regaló a su propia Madre.


Pero hoy el mundo y su globalización, nos invita a lo contrario, al egoísmo, al hedonismo, a ser primero tu, ¿Para qué otro hijo?, ¿por qué cuidar al abuelo?, ¿por qué soportar el sufrimiento?, y en cambio una voz nos dice ¿Qué no estoy aquí que soy tu Madre?, si, ¡Tu eres nuestra Madre!, ¡Tu eres mi Madre!, en tus manos pongo mis alegrías, en tu regazo lloro mis tristezas, y a ti encomiendo mi familia, que vive hoy contracorriente, porque busca a Dios.
¡Madre! Hoy te pido, por mis hijos, que conozcan a Dios, que no se pierdan en este mundo de tinieblas, y que cuando caigan, sepan que tu estas ahí, para ayudarlos a levantarse para ir a Dios.
¡Madre! Te pido por mi matrimonio, para que veamos a tu hijo Jesucristo el uno en el otro.
¡Madre! Te pido por mis padres, para siempre los acompañes, y el día de su muerte tú estés ahí para guiarlos hacia Dios.


¡Madre! Te pido por mí, pues solo tú puedes enseñarme a ser Madre.
"La Prudencia"